1. En el marco de los Bicentenarios
Hoy estamos celebrando un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional, que tuvo lugar en esta ciudad de San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816.
Esta celebración se inscribe en el marco del Bicentenario 2010-2016 que estamos transitando.
El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para nuestra patria. El 9 de julio de 1816 se declaró la Independencia Nacional.
La proclamación de la Independencia de 1816 es el acta de bautismo de la Nación Argentina.
Entiendo que Tucumán y todo el país se debe preparar a celebrar este acontecimiento, teniendo presente que el Congreso de Tucumán de 1816 es el hecho más saliente de toda nuestra historia. Joaquín V. González afirmó: “Es justo decir que el Congreso de Tucumán ha sido la asamblea más nacional, más argentina y más representativa que haya existido jamás en nuestra historia”. El Congreso de Tucumán significa nuestro pleno nacimiento a la independencia.
Sueño con una gran celebración patria para todos los tucumanos.
El próximo año se cumple el Bicentenario de la batalla de Tucumán. Mitre afirmó: “Si Belgrano, obedeciendo las órdenes del gobierno, se retira, las provincias del norte se pierden para siempre, como se perdió el Alto Perú para la República Argentina”. La Batalla de Tucumán tuvo lugar el 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de la Merced. En Tucumán y en todo el país se debe celebrar este acontecimiento que logró que el NOA sea argentino.
La Nación es una comunidad de personas que comparten una historia, una cultura y un destino común. Los argentinos tenemos nuestra propia historia, con nuestra propia cultura y valores, que son básicos para comprendernos.
Por tanto tenemos la responsabilidad de preservar, desarrollar y trasmitir esas tradiciones.
Debemos conmemorar nuestro pasado y debemos preparar el futuro.
2. Conmemorar el pasado
No se trata de quedarnos aferrados al pasado, sino de valorar el presente y construir el futuro. Los obispos argentinos dijimos: “No se puede mirar hacia delante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia” [Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016), del 14/11/ 2008, nº 9]).
Conmemorar es recordar nuestro origen, los hechos. Debemos tener memoria histórica sin distorsionarla, sin ideologizarla. Debemos ponernos ante nuestra verdad histórica.
Conmemorar es recuperar nuestras raíces, nuestra identidad.
En primer lugar debemos recordar con agradecimiento, con una mirada de gratitud a Dios, por estos 200 años como Nación.
En el Evangelio que acabamos de escuchar (Lc. 17,11-19) se nos dice que Jesús, en el camino hacia Jerusalén, encuentra diez leprosos. En el grupo va un samaritano, que no se trataba con los judíos. La desgracia los ha unido, como ocurre en tantas ocasiones de la vida. Desde lejos le gritan al Señor: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”.
El Señor les manda que se vayan a presentarse a los sacerdotes, como estaba previsto por la Ley (Lev. 14,2). Y en el camino quedaron curados. Sólo el samaritano regresa para darle gracias a Jesús. Es ésta una acción profundamente humana y bella.
A Dios le debemos dar gracias siempre. La Sagrada Escritura nos exhorta a la gratitud. El salmo 116 dice: “Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?” (v. 12). Y en la carta de San Pablo a los efesios leemos: “Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 5,20).
La gratitud nos mueve a reconocer y corresponder a los favores recibidos.
El samaritano que fue a dar gracias se marchó con un don todavía mayor: la fe y la amistad de Cristo. Jesús le dice: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.
No podemos dejar de reconocer los dones que Dios ha derramado sobre nuestro país. Debemos dar gracias por la grandeza de los representantes de las Provincias Unidas del Sud América que lo hicieron posible y recordar la presencia de la Iglesia, dado que de los 29 diputados que firmaron el acta de la declaración de la Independencia, 11 eran sacerdotes.
Pero también, debemos recordar reconociendo los errores y desaciertos del pasado para sacar conclusiones para el futuro.
Así, la verdad histórica nos lleva a agradecer por los aciertos y arrepentirnos por las sombras: ni triunfalismo, ni pudor.
Recordar no es solamente hacer memoria. Es, también, un acto del corazón, expresa sentimientos, es volver a pasar por el corazón. No es solamente un acto de entendimiento, es, también, un acto de amor.
Conmemorar es orar.
Es poner en la oración nuestro pasado, en la presencia de Dios. Miramos la historia desde la Providencia de Dios. Es pedir por nuestro futuro. Es afrontar los desafíos que se nos presentan.
3. Preparar el futuro
El 14 de noviembre de 2008 los Obispos argentinos publicamos el documento Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016). Allí dijimos que “anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social” (nº 5).
La Iglesia quiere ofrecer su aporte con espíritu constructivo. La intención es que todos los argentinos podamos construir una gran nación justa y solidaria.
Los obispos argentinos creemos en la necesidad de establecer políticas públicas Para ello alentamos el diálogo y el consenso para buscar acuerdos básicos y duraderos a favor del bien común.
Los obispos argentinos, con vistas al Bicentenario de la Nación, proponemos algunas metas que estimamos prioritarias para la construcción del bien común (nº 32-40).
Son las siguientes:
1. Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas.
2. Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo.
3. Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables.
4. Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad.
5. Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia.
6. Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes.
7. Implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral.
8. Promover el federalismo.
9. Profundizar la integración en la Región.
Debemos construir sobre roca firme. Por eso oremos al Señor para que Él haga, por nuestras manos, lo que rezamos en la oración por la patria: “queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.
Que Nuestra Señora de la Merced, mire con cariño y ternura a nuestra Patria, que se acoge a su amparo y maternal protección.